Kayce
Kayce es una ciudad amurallada en una península de las Tierras del Oeste, al sur de Isla Bella, y sede de la Casa Kenning, vasalla de los Lannister. Nació en tierra que durante mucho tiempo perteneció a los Hombres del Hierro, y su paso a manos continentales se recuerda por lo insólito del episodio antes que por una gran batalla.
Con los siglos siguió siendo un puerto de cierto peso en la costa occidental, visitado por reyes y disputado en tiempos de guerra.
Capítulo 1
Una conquista sin asedio
Solo en los libros
Kayce nació en la Edad de los Héroes, en una península al sur de Isla Bella, y durante generaciones formó parte de las tierras que los Hombres del Hierro tenían fuera del Rejo de Hierro.
Cuando las tropas Lannister se presentaron ante sus muros al mando de Herrock Kenning, la ciudad no cayó por asedio sino por un rumor: se cuenta que bastó el sonido de un cuerno para que las prostitutas de Kayce descorrieran los cerrojos de las puertas. Tres reyes del Hierro intentaron después recuperar la plaza, y a dos de ellos los mató el propio Herrock.
Capítulo 2
La visita de un rey dragón
55 d.C.Solo en los libros
En 55 d.C., el rey Jaehaerys I Targaryen llegó a Kayce durante su recorrido por las Tierras del Oeste. Para entonces la ciudad ya estaba firmemente en manos de sus nuevos señores continentales, y la visita real quedó como constancia de ello.
Capítulo 3
El ataque del Kraken Rojo
Solo en los libros
Durante la Danza de los Dragones, una fuerza al mando del Kraken Rojo tomó Kayce por las armas. Los invasores no la conservaron mucho tiempo: terminada la guerra, la ciudad volvió a manos Lannister.
De la lucha que la recuperó se recuerda a Johanna Lannister, que se puso una armadura y se plantó junto a sus hombres; su sola presencia, dicen, bastó para que la guarnición resistiera y rechazara el ataque.
Capítulo 4
Los mercaderes y la deuda
Solo en los libros
Con el tiempo, los mercaderes de Kayce empezaron a pedir dinero prestado a la Casa Lannister. No era solo necesidad: veían que Lord Tytos Lannister dejaba correr a quienes no pagaban sus deudas, y aprovecharon esa mano floja.