Deria Martell
Deria Martell encabezó la delegación dorniense que puso fin a la guerra de su tierra contra el Trono de Hierro, plantándose ante Aegon I Targaryen con una calavera de dragón por regalo y una negativa a rendirse. Hija de Nymor Martell, heredó de él el título de Princesa de Dorne y gobernó Lanza del Sol en los primeros años de la dinastía Targaryen, sosteniendo una paz que muchos daban por imposible.
Capítulo 1
La delegación que no se arrodilló
Solo en los libros
El enfrentamiento entre Dorne y el Trono de Hierro llevaba años sin resolverse cuando el príncipe Nymor Martell heredó el poder a la muerte de su madre, la princesa Meria. Nymor optó por cerrar la guerra por la vía diplomática y puso al frente de la embajada a su propia hija: Deria viajó a Desembarco del Rey con una comitiva de nobles dornienses y con un regalo insólito para Aegon I, la calavera de la dragona Meraxes.
La llegada no fue amable: Lord Oakheart propuso apresar a la princesa y entregarla a un burdel, pero el rey se negó y prefirió escucharla. Deria fue clara: Dorne quería la paz, no la rendición. Aegon estaba a punto de rechazar la oferta cuando ella le tendió una carta escrita por su padre — «Solo podéis leerla vos, alteza», le dijo —. El rey la leyó, la quemó sin decir su contenido y voló hasta Rocadragón. Volvió al día siguiente y firmó la paz con Dorne.
Deria heredó el título de Princesa de Dorne pocos años después, a la muerte de Nymor. Cuando se cumplió una década del tratado, Aegon I cruzó los cielos junto a su hijo Aenys hasta Lanza del Sol para festejar con ella la amistad entre los dos reinos.
Capítulo 2
El doble juego con el Rey Buitre
Solo en los libros
En el primer año del reinado de Aenys I, un caudillo conocido como el Rey Buitre reunió a miles de seguidores en rebelión contra los Targaryen. Los Martell apenas se involucraron: las fuerzas rebeldes nunca pisaron territorio dorniense, y la princesa Deria insistía ante Aenys en que su casa solo quería paz y en que hacían cuanto podían por sofocar el levantamiento.
No todos la creyeron. Corrió la sospecha de que Deria jugaba a dos bandas: condenaba a los rebeldes en público mientras les enviaba hombres, dinero y provisiones en privado.