Leowyn Corbray
Leowyn Corbray fue Señor de Hogar y cabeza de la Casa Corbray, uno de los asientos del Valle de Arryn.
Durante la Danza de los Dragones puso sus fuerzas del lado de Rhaenyra Targaryen, y terminada la guerra llegó a sentarse en el consejo que gobernó los primeros años del reinado de Aegon III con el título de Protector del Reino.
Capítulo 1
El hermano de la Dama Desesperada
Solo en los libros
Leowyn era el hermano mayor de Ser Corwyn Corbray, quien portaba la espada de acero valyrio conocida como Dama Desesperada. De su propio matrimonio nació un hijo, Quenton, llamado a heredar Hogar y el señorío de la casa.
Capítulo 2
La Danza de los Dragones
130–131 d.C.Solo en los libros
Cuando la Casa Targaryen se partió en dos bandos, la Casa Corbray se declaró por Rhaenyra. En 130 d.C. Lady Arryn puso a Leowyn y a su hermano Corwyn al frente de un ejército de diez mil hombres reunido en Puerto Gaviota.
Tras morir el rey Aegon II en 131 d.C., Leowyn desembarcó con su gente en Valle Oscuro para tomar la ciudad, mientras Corwyn hacía lo mismo en Poza de la Doncella con el resto de las tropas del Valle. Poco después, durante la Hora del Lobo, los dos hermanos llegaron a Desembarco del Rey y entraron en el consejo que gobernaba junto a Lady Arryn y los llamados Muchachos, un refuerzo que dejó a Cregan Stark con menos peso en las decisiones.
Capítulo 3
Protector del Reino
131–133 d.C.Solo en los libros
El nuevo rey nombró a Leowyn Protector del Reino por su lealtad a la causa negra, mientras el verde Ser Tyland Lannister recibía el cargo de Mano del Rey; ambos quedaban por debajo del Consejo de Regentes. Los ejércitos de la Corona respondían a Leowyn, pero fue Tyland quien, con el paso de los meses, se hizo con el gobierno del día a día.
Capítulo 4
Fiebre invernal
133 d.C.Solo en los libros
En 133 d.C. Leowyn cayó enfermo de una fiebre invernal. Se retiró a sus habitaciones y probó a curarse con vino caliente especiado, pero murió allí mismo, junto a su esposa y varios criados. Le sucedió su hijo Quenton al frente de Hogar y de la Casa Corbray.
Capítulo 5
Poco ingenio, mucha confianza
Solo en los libros
Quienes lo trataron lo recordaban como un hombre de pocas luces, aunque de fiar. El bufón Hongo, con lengua más afilada que su memoria, dejó dicho de él: "Lo que le sobraba de cuello le faltaba de ingenio, pero nunca he conocido a un hombre que se tirara pedos más sonoro".