el Reino Caído de Sarnor
Fallen Kingdom of Sarnor
El Reino de Sarnor fue durante más de dos mil años una de las grandes potencias de las praderas orientales de Essos: una alianza de decenas de ciudades-estado que solo de nombre obedecían a un Alto Rey asentado en Sarnath. Sus mercaderes llegaron hasta Valyria y tierras mucho más lejanas, y su fama cruzó medio mundo conocido.
De aquel esplendor apenas queda memoria: los descendientes de los hombres altos no llegan hoy a unos pocos miles, reunidos en un solo puerto venido a menos.
Capítulo 1
Los hombres altos y el Alto Rey
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Sarnor ocupaba las llanuras al este del Bosque de Qohor, entre los pequeños lagos que quedaban de un mar interior mucho más antiguo. Limitaba con el Mar Dothraki, con los Reinos de los Ifequevron y con Omber, y viejas calzadas valyrias lo atravesaban hasta Qohor. El Sarne, el río que da nombre a la región, nacía en las llanuras dothrakis y bajaba hacia el norte; más al este corría un segundo cauce que iba a parar a la bahía de los Colmillos.
Los sarnoreses se llamaban a sí mismos los hombres altos, tagaez fen en su lengua, y se tenían por descendientes de Huzhor Amai, hijo de una reina legendaria que había sometido a tres pueblos distintos de la región. Nunca fueron un reino en el sentido estricto: era una alianza de decenas de ciudades con reyes propios, casi siempre enfrentados entre sí, y un Alto Rey en Sarnath que mandaba más de título que de hecho desde su palacio de las mil estancias. Guerreaban, hechizaban y estudiaban con igual entrega, veneraban a un centenar de dioses distintos, y buena parte de lo que se sabe de ellos hoy procede de unos pocos anales que sobrevivieron por azar a su propia ruina.
Capítulo 2
Mercaderes y aliados de Valyria
Solo en los libros
Los mercaderes sarnoreses llegaban hasta Valyria, Yi Ti, Leng y Asshai, y sus barcos cruzaban el mar del norte hasta Ib, las Mil Islas y el lejano Mossovy.
Sus reyes empujaron a los qaathecas hacia el sur, apoyaron al Feudo Franco de Valyria en varias de sus guerras contra el Antiguo Imperio de Ghiscar y organizaban incursiones de castigo contra los jinetes de las estepas orientales.
Hasta en los Siete Reinos se hablaba de las torres de Sarnath: el viajero Lomas Pasolargo llegó a incluir su palacio entre las maravillas construidas por el hombre.
Capítulo 3
El despertar de los khals
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Tras la Maldición de Valyria, los reinos de Sarnor tardaron menos de un siglo en desmoronarse. Mientras las ciudades libres del oeste se destrozaban entre sí en el Siglo Sangriento, en las praderas orientales estallaba otra guerra: por primera vez, las decenas de tribus dothrakis, siempre enfrentadas entre ellas, se unieron bajo un solo mando, el de un khal ya anciano llamado Mengo, que al reunirlas a todas volvió la mirada hacia el oeste.
Durante generaciones los hombres altos habían tratado a los jinetes como una simple molestia, incluso cuando sus khalasars ya asaltaban las marcas orientales; algún rey llegó incluso a pagarles en oro y esclavos para que combatieran a sus rivales. Mengo aceptó los regalos de buen grado y se quedó también con la tierra, quemando campos y granjas para devolver las llanuras a su estado salvaje, pues arar la tierra es, para los dothrakis, una forma de pecado.
El peligro no se hizo evidente hasta que Khal Moro, hijo de Mengo, plantó su khalasar ante las puertas de Sathar. Los jinetes aplastaron a los defensores de la ciudad y esclavizaron a sus mujeres e hijos; tres de cada cuatro murieron de camino a los mercados de Hazdahn Mo, en las colinas de Ghiscar. De Sathar solo quedaron cenizas, y los dothrakis rebautizaron las ruinas como el lugar de los Niños Aullantes.
Capítulo 4
Ciudad tras ciudad
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Ni con Sathar en llamas se unieron los reyes sarnoreses: los de Kasath y Gornath enviaron tropas, pero no para socorrer a su vecina sino para repartirse el botín, y acabaron librando batalla entre ellos a tres días al oeste de la ciudad mientras el humo aún se alzaba al este.
Sathar fue solo la primera. Seis años después Moro arrasó también Kasath, esta vez con la ayuda de Gornath, cuyo rey se había aliado con los dothrakis y había casado con una hija de Moro; doce años más tarde le llegó el turno a la propia Gornath, cuyo rey murió a manos de su esposa dothraki, y ella pasó a los brazos de Khal Horro, quien para entonces ya había matado a Moro y acabado con la estirpe de Mengo.
Horro fue el último khal capaz de mantener unidos a todos los clanes: tres años después de la caída de Gornath, un rival acabó también con él, y su khalasar se partió en una docena de hordas menores. El respiro duró poco, porque los khals que le siguieron resultaron igual de ambiciosos, y las ciudades del río cayeron una tras otra mientras se llevaban a Vaes Dothrak los ídolos de cada ciudad vencida. Con Sallosh ardió también su gran biblioteca, y con ella casi toda la memoria escrita de los hombres altos; poco después cayeron Kyth y Hornoth.
Mardosh, la más fortificada, resistió sola durante seis años de asedio. Sus habitantes comieron primero a sus perros y caballos, luego ratas y alimañas, y por último a sus propios muertos; cuando ya no pudieron aguantar más, los últimos defensores mataron a sus mujeres e hijos para librarlos de la esclavitud y salieron a morir en un ataque final del que nadie volvió. Los dothrakis llamaron a las ruinas la Ciudad de la Carga Sangrienta.
Capítulo 5
El Campo de Cuervos y las últimas cenizas
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Solo tras la caída de Mardosh dejaron por fin los reyes sarnoreses sus rencillas: reunieron ante las murallas de Sarnath un ejército de seis mil carros, veinte mil jinetes y cien mil lanceros y honderos, y marcharon al este bajo el mando de Mazor Alexi, el último Alto Rey, dispuestos a acabar de una vez con el poder de los khals.
A medio camino de las ruinas de Kasath, entre las altas hierbas, se toparon con una fuerza conjunta de ochenta mil jinetes bajo cuatro khals distintos. El combate que pasaría a conocerse como el Campo de Cuervos empezó bien para los sarnoreses, pero terminó en una trampa y una matanza: más de cien mil hombres murieron aquel día, Mazor Alexi entre ellos.
Sarnath, indefensa, cayó apenas quince días después ante Khal Loso, que incendió también el palacio de las mil estancias. Las ciudades que quedaban fueron cayendo mientras el Siglo Sangriento tocaba a su fin, y Sarys, en la desembocadura del río, fue la última: casi toda su gente había huido ya cuando los hombres de Khal Zeggo entraron en ella.
Solo Saath sigue en pie, un puerto modesto que sobrevive gracias al comercio con Ib y Lorath y a su cercanía con la colonia lorathi de Morosh. Allí, y solo allí, los descendientes de los hombres altos siguen llamándose tagaez fen, apenas unos pocos miles frente a los millones que llegó a tener su pueblo.
El mundo físico
La región está atravesada por varias carreteras valyrias que enlazan Vaes Khewo y Saath con Vaes Khadokh, y ésta con Qohor.
Geografía · The Lands of Ice and Fire
Se sabe que adoraban a un centenar de dioses.
Población · El Mundo de Hielo y Fuego, Más allá de los Reinos del Ocaso, Más allá de las ciudades libres.
Lo que no sabemos con seguridad
PosiciónLo hemos deducido nosotros
La posición se dedujo del rótulo del mapa base y no de un símbolo propio: señala la zona, no el punto.