Feudo Franco de Valyria
Fallen Valyrian Freehold
El Feudo Franco de Valyria fue el mayor imperio que ha conocido Essos: una potencia nacida de un puñado de pastores que aprendieron a domar dragones y con ellos sometieron medio continente. Su nombre sigue siendo sinónimo de un poder que ninguna otra civilización ha vuelto a igualar.
De su ruina, un siglo antes del desembarco de Aegon en Poniente, sólo quedaron ciudades hijas dispersas por el mar Angosto y un puñado de familias que habían tenido la prudencia —o la vergüenza, según quién lo cuente— de marcharse a tiempo. Esta es la historia de cómo Valyria se hizo, se extendió y desapareció.
Capítulo 1
El fuego bajo las Catorce Llamas
Solo en los libros
Antes de ser un imperio, Valyria era poco más que un puñado de pastores en una península perdida de Essos. Todo cambió cuando encontraron dragones viviendo entre los cráteres de las Catorce Llamas, una cadena de volcanes que escupía fuego día tras día. Aprendieron a domarlos, a criarlos, a convertirlos en arma.
Con esa arma construyeron una ciudad que ningún otro pueblo del continente podía igualar: torres cubiertas de flores que se alzaban hacia el cielo, esfinges de piedra con ojos de granate vigilando las calles, herreros que forjaban con hechizos un acero de un filo y una fuerza que nadie ha vuelto a reproducir del todo. Esa ciudad se llamó Valyria, y le dio nombre al Feudo entero.
Los señores dragón no creían en ningún dios en particular; despreciaban a los sacerdotes y los templos como cosas de gente sencilla, y por eso mismo toleraban cualquier culto: dividir a sus súbditos en cien religiones distintas era más seguro que dejar que se unieran bajo una sola.
Capítulo 2
La sal en los campos de Ghis
Solo en los libros
Durante siglos, el poder que dominaba Essos no fue Valyria sino el Antiguo Imperio de Ghis. Los ghiscarios vieron crecer a los pastores convertidos en señores dragón y trataron de aplastarlos antes de que fuera demasiado tarde: les declararon la guerra cinco veces. Las cinco veces perdieron.
En la última de esas guerras, los valyrios no se conformaron con ganar: marcharon sobre el Antiguo Ghis, la capital ghiscaria, y no dejaron en pie ni los campos, que cubrieron de sal, de azufre y de calaveras. El Antiguo Imperio dejó de existir esa tarde, y sus colonias en la bahía de los Esclavos pasaron a manos valyrias.
De esa guerra los valyrios también aprendieron la esclavitud de los ghiscarios y la convirtieron en el motor de su propio imperio. Miles de esclavos capturados en cada conquista bajaban a picar oro y plata bajo las Catorce Llamas; cuando se rebelaban, la hechicería de sus dueños bastaba para sofocarlos. Nadie ha contado nunca cuántos murieron ahí abajo.
Capítulo 3
El imperio de los caminos de dragón
Solo en los libros
Durante mucho tiempo, Valyria vivió en paz con los rhoynar del río Rhoyne, al oeste de su península. La paz se rompió cuando los valyrios cruzaron el río desde su colonia de Volantis y marcharon contra los ándalos de Andalia; antes que someterse a la esclavitud valyria, los ándalos prefirieron cruzar el mar Angosto entero y buscar tierra nueva en Poniente. A los que se quedaron, Valyria los sometió y colonizó su territorio.
De esas colonias nacieron las Ciudades Libres. Volantis y Tyrosh empezaron como puestos militares; Myr y Pentos las levantaron mercaderes en tierra ándala; los señores dragón se reservaron Lys como lugar de placer; Lorath, Norvos y Qohor las fundó gente que huía de algo, casi siempre religioso. Braavos fue la excepción: la fundaron esclavos huidos de una flota valyria, y esa ciudad escondida nunca reconoció a Valyria como su dueña.
En su apogeo, el Feudo llegaba hasta las Montañas de los Huesos, y sus incontables ciudades y colonias —desde Astapor y Meereen, herencia de Ghis, hasta las ruinas rhoynar del Rhoyne— quedaban unidas por caminos que la gente llamaba, con razón, caminos de dragón.
Esos caminos, y buena parte de lo que construyeron, no se hicieron a cincel: se dice que los magos valyrios trabajaban la piedra como un alfarero trabaja el barro, licuándola con fuego y hechizo. Así levantaron murallas, puentes y torres que siguen en pie mucho después de perderse el secreto. A los dragones los gobernaban con látigos, cuernos y esa misma hechicería.
Capítulo 4
La guerra que vació el Rhoyne
950 a.C. – 700 a.C.Solo en los libros
Entre el 950 y el 700 antes de la Conquista, Valyria libró contra las ciudades-estado rhoynar una guerra que se contó durante generaciones. Todo se decidió en la Segunda Guerra de las Especias, cuando la colonia valyria de Volantis se propuso acabar de una vez con la vieja civilización del Rhoyne.
El príncipe Garin el Grande reunió un ejército de doscientos cincuenta mil hombres y, en Selhorys, en Valysar y en Volon Therys, hizo lo que nadie más logró: derrotó a los valyrios en el campo de batalla y mató a dos de sus dragones.
La respuesta valyria fue desproporcionada incluso para sus propios estándares: trescientos dragones cayeron sobre los ejércitos rhoynar y los quemaron enteros, Garin incluido. La princesa Nymeria, de Ny Sar, reunió a los rhoynar que quedaban con vida y los sacó de Essos en diez mil barcos rumbo a Dorne. Que esos barcos fueran casi todo mujeres y niños dice, mejor que cualquier crónica, cuántos hombres se quedaron en el Rhoyne.
Capítulo 5
Los que se fueron a tiempo
114 a.C.Solo en los libros
Unos dos siglos antes de que Valyria cayera, el Feudo puso pie en Poniente sin apenas resistencia: colonizó la isla de Rocadragón, en el mar Angosto, frente a unos señores de la bahía del Aguasnegras que no pudieron pararlo. Fue, durante mucho tiempo, el puesto más occidental del imperio.
En el año 114 antes de la Conquista, Daenys, hija de Aenar Targaryen, tuvo una visión: Valyria sería destruida. Su familia hizo caso y se mudó entera a Rocadragón. Los demás señores dragón lo llamaron cobardía; los Targaryen prefirieron llamarlo prudencia, y fueron los únicos a los que les dio tiempo a comprobar cuál de las dos palabras era la correcta.
No llegaron solos ni a un sitio vacío. Cerca de allí, en Marcaderiva, ya se había instalado la Casa Velaryon, otra familia valyria menor; la Isla Zarpa, algo más al norte, quedó en manos de los Celtigar. Entre las tres, controlarían durante generaciones ese rincón del mar Angosto.
Capítulo 6
El día en que Valyria se hundió
Solo en los libros
Cien años, más o menos, antes de que Aegon desembarcara en Poniente, algo arrasó Valyria en una sola tarde. La ciudad quedó destruida del todo y el Feudo Franco, el imperio entero que había tardado miles de años en construirse, se disolvió sin que quedara nadie para gobernarlo.
Una ola de trescientos pies golpeó la Isla de los Cedros y borró todas las ciudades que había en ella. Alrededor de la capital, la tierra se partió en decenas de islas pequeñas separadas por un mar nuevo, el Mar Humeante, que no existía antes de aquella tarde.
Hoy se dice que la zona está "acosada por demonios", y casi nadie se arriesga a cruzarla. Quienes lo han hecho cuentan lo mismo: que la Maldición no terminó entonces, que sigue ahí.
Capítulo 7
Lo que sobrevivió a Valyria
Libros y serie
De Valyria quedaron, sobre todo, sus hijas. Las Ciudades Libres que habían sobrevivido a la Maldición se convirtieron en naciones por su cuenta, mezclaron su sangre con la de medio Essos y, aun así, todavía hoy se oye en sus calles algún dialecto del alto valyrio.
Rocadragón sobrevivió también, con los Targaryen y los suyos a salvo al otro lado del mar Angosto. Con tres dragones conquistaron los Siete Reinos y, ya instalados en Poniente, siguieron haciendo lo que hacía la nobleza valyria para no diluir su sangre: casarse entre hermanos.
Lo que no sobrevivió fueron los secretos. Las armas de acero valyrio siguen tan afiladas como siempre, pero ya nadie sabe forjarlas: ese conocimiento se perdió con la Maldición. En Poniente, junto a los Targaryen, los Velaryon y los Celtigar, dos familias valyrias menores, se quedaron controlando el comercio alrededor de Rocadragón, y ahí siguen.
El mundo físico
Los valyrios más nobles eran considerados de una belleza sorprendente, algunos dicen que inhumana.
Cultura · Festín de Cuervos, Capítulo 21, La Hacedora de Reinas.
Las Carreteras Valyrias, conocidos como caminos del dragón, aún existen como monumentos a su trabajo, al igual que el castillo de Rocadragón, la Muralla Negra y el Puente Largo de Volantis.
Arquitectura · Juego de Tronos, Capítulo 23, Daenerys.
Galería

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