Sothoryos

Sothoryos es el continente que ocupa el extremo meridional del mundo conocido, al otro lado del mar del Verano. Nadie ha terminado de cartografiarlo: de su costa norte se conocen un puñado de ciudades en ruinas y colonias moribundas, pero de su interior solo se sabe que es una jungla que traga a quien se adentra en ella.

Lo habitan los hombres pintos, un pueblo que apenas tiene trato con el resto del mundo salvo por los que viven en la costa, únicos que han negociado alguna vez con mercaderes y esclavistas. Cada intento de instalarse allí —ghiscario, valyrio, rhoynar— ha acabado igual: con la selva recuperando el terreno.

Capítulo 1

Un continente sin medir

Solo en los libros

Nadie sabe en realidad cuánto mide Sothoryos. Los mapas qarthienses lo dibujaban como una isla no mayor que Gran Moraq, aunque sus propios barcos mercantes jamás llegaron al final de sus costas. Los ghiscarios que fundaron sus colonias del norte lo creían del tamaño de Poniente.

La única persona que intentó comprobarlo fue Jaenara Belaerys, que se adentró a lomos de su dragón Terrax más al sur que ningún otro viajero, buscando los mares hirvientes de las leyendas. No los encontró: solo selva, desierto y montaña, uno tras otro, sin fin. Tardó tres años en volver al Feudo Franco, y cuando lo hizo dijo que Sothoryos era tan grande como Essos: «una tierra sin fin».

Capítulo 2

Las colonias que no duran

Solo en los libros

En tiempos del Antiguo Imperio, los ghiscarios plantaron sus primeros puestos fijos en la costa norte: en la desembocadura del Zamoyos alzaron el enclave amurallado de Zamettar, y en Punta Guiverno, la colonia penal de Gorosh. Detrás llegaron los exploradores de Qarth, atraídos por el oro y el marfil de la costa oriental, y los estiveños de las Islas del Verano, que prefirieron la occidental.

El Feudo Franco de Valyria probó suerte tres veces en Punta Basilisco. La primera se la llevaron por delante los hombres pintos; la segunda cayó por una epidemia; y la tercera quedó abandonada el día en que los propios señores dragón se hicieron con Zamettar, durante la Cuarta Guerra Ghiscaria. De todas las colonias fundadas en esa costa siglo tras siglo, solo Zamettar aguantó más de una generación; hoy no es más que un puñado de ruinas que la selva se ha tragado.

Capítulo 3

El enigma de Yeen

Solo en los libros

Río arriba, en pleno interior, se alzan las ruinas de Yeen, hechas de bloques de piedra negra y aceitosa que doce elefantes juntos no podrían mover. Nadie sabe quién las construyó ni cuándo: cuentan que no hay nada en el mundo tan viejo como ella.

Lleva miles de años deshabitada, y aun así la jungla nunca ha terminado de tragársela, algo que no pasa con ninguna otra ruina del continente. Todos los intentos de volver a poblarla han terminado en desastre, aunque no se conserva ningún relato de por qué.

Capítulo 4

Los hombres pintos

Solo en los libros

Los sothoríes son corpulentos, de brazos largos y frente prominente, con la piel gruesa y moteada de blanco y marrón que les vale el apodo de hombres pintos. Sus mujeres solo conciben hijos vivos con varones de su propio pueblo; con extranjeros solo dan a luz fetos muertos, muchos deformes.

En la costa, algunos sothoríes han acabado hablando la lengua del comercio, lo bastante como para tratar con mercaderes y esclavistas. Los ghiscarios los consideran malos esclavos pero buenos luchadores, y los llevan a pelear a los reñideros. Los corsarios de las Islas Basilisco asaltan los poblados costeros para capturarlos, los encierran en las jaulas de Garra y terminan vendiéndolos como esclavos en la bahía de los Esclavos.

Más al sur, donde ya no llega ningún comerciante, los hombres pintos no guardan ni ese barniz: adoran a dioses oscuros con ritos que nadie de fuera ha descrito del todo, y practican el canibalismo, tanto con enemigos como con sus propios muertos. Circulan historias de otros pueblos que poblaron el continente antes que ellos —hombres lagarto, cavernarios sin ojos— pero nadie ha probado que existieran.

Capítulo 5

El refugio de Nymeria

Solo en los libros

Cuando los corsarios que gobernaban las Islas Basilisco atacaron a su pueblo y le ofrecieron tierra en la Isla de los Sapos a condición de pagar cada año con esclavos jóvenes, la princesa Nymeria dijo que no y llevó a los suyos a refugiarse en Sothoryos. Se repartieron por la costa: unos se quedaron en Punta Basilisco, otros remontaron el Zamoyos, y un grupo llegó hasta las ruinas de Yeen. Ella se quedó con su flota en Zamettar, abandonada mil años atrás.

El sueño no duró ni un año. El clima les sentaba mal a los rhoynar, y los mosquitos que traían enfermedad tras enfermedad se cebaban sobre todo con niños y ancianos. Un día llegó un barco desde Zamettar a Yeen y no encontró a nadie: los que se habían instalado allí se habían esfumado esa misma noche. Al día siguiente, Nymeria dio la orden de dejar el continente.

Capítulo 6

Un lugar que mata

Solo en los libros

Sothoryos cría enfermedades que no existen en ningún otro sitio: pústulas de sangre, fiebre verde, muerte roja, psoriagrís y otra decena de males con nombres igual de feos. El archimaestre Ebrose calcula que la mayoría de los ponientis que ponen pie allí cogen alguna, y que la mitad de esos no vuelve a casa. Yezzan zo Qaggaz, sin ir más lejos, enfermó allí diez años atrás y desde entonces se ha ido apagando poco a poco.

Y lo que no mata la fiebre puede matarlo otra cosa. Bajo las aguas del Zamoyos esperan cocodrilos capaces de volcar un barco entero; otros ríos están llenos de peces que dejan un cuerpo en los huesos en cuestión de segundos. Punta Basilisco tiene sus propios basiliscos, algunos del doble de tamaño que un león, y monos junto a los que los gigantes parecerían enanos.

Más al sur, en el Infierno Verde, las historias hablan de cosas peores: murciélagos albinos que desangran a un hombre, lagartos tatuados que despedazan a sus presas con las garras curvas de sus patas traseras, serpientes que pasan de los setenta pies de largo y arañas que tejen sus redes entre árboles enormes. Pero lo que más se teme son los guivernos, parientes lejanos de los dragones que no escupen fuego pero superan a cualquiera en ferocidad: los hay perezosos que apenas se alejan de sus guaridas, y los hay que cazan de noche en manadas de cien, con las alas tan negras que no se ven llegar.

El mundo físico

Frente a la costa norte se encuentra el archipiélago de las Islas Basilisco. Naath también se encuentran cerca de la costa del continente.

Geografía · Tormenta de Espadas, Mapa Bahía de los Esclavos.

Los únicos accidentes geográficos conocidos del continente son Punta del Basilisco y Punta Guiverno.

Geografía · The Lands of Ice and Fire

Circulan historias sobre hombres lagarto, ciudades perdidas y cavernarios sin ojos, pero no hay pruebas de su existencia.

Población · El Mundo de Hielo y Fuego, Más allá de los Reinos del Ocaso, Más allá de las Ciudades Libres

Lo que no sabemos con seguridad

  1. PosiciónLo hemos deducido nosotros

    La posición se dedujo del rótulo del mapa base y no de un símbolo propio: señala la zona, no el punto.

Según la Hielo y Fuego Wiki · Sothoryos · 2026-07-30

De dónde sale cada dato
Posición
centro del rótulo sobre el mapa base
Nombre inglés
lectura visual contrastada con el canon
Nombre español
traducción de la edición española publicada
Rótulo del mapa base
844
Lo que se leyó
SOTHORYOS
Mapa base
atlas-known-world-2019.png · Adam Whitehead, Atlas of Ice and Fire

Ficha redactada el .