Ulf el Blanco
Ulf the White
Ulf el Blanco era un hombre de armas sin fortuna ni cuna, apostado en Rocadragón, cuando la Danza de los Dragones le ofreció lo que jamás habría imaginado: un dragón propio.
Se convirtió en jinete de Ala de Plata, la bestia que antaño montara la reina Alysanne, y con ella se ganó un título y unas tierras en la guerra que enfrentó a los dos bandos de la casa Targaryen por el Trono de Hierro.
Capítulo 1
La llamada de las semillas de dragón
129 d.C.Libros y serie
Antes de la guerra, Ulf no era nadie con quien contar: un hombre de armas apostado en Rocadragón, de pelo pálido y aficionado a la bebida, con rasgos que delataban sangre valyria sin que nadie supiera de qué rama del árbol Targaryen procedía.
Cuando el príncipe Jacaerys Velaryon lanzó su llamada a las semillas de dragón, ofreciendo tierras y títulos a quien lograse montar una de las bestias huérfanas de jinete, Ulf se presentó. Lo consiguió: se vinculó con Ala de Plata, el dragón que en otro tiempo había llevado por los cielos a la reina Alysanne.
Capítulo 2
El Gaznate en llamas
129 d.C.Libros y serie
Poco después de reclamar a Ala de Plata, Ulf voló junto a los demás dragones de los Negros en la batalla del Gaznate, donde la flota de la Triarquía quedó reducida a cenizas frente a las costas de Rocadragón.
Terminada la matanza, Ulf y Hugh Martillo —otro herrero convertido en jinete esa misma jornada— lo celebraron en una taberna de la isla. Entre copas, Ulf ya hablaba de señoríos: si habían decidido una batalla montados en dragones, algo más que gratitud les debían.
Capítulo 3
Caballeros de nuevo cuño
129 d.C.
Tras la caída de Desembarco del Rey en manos de los Negros, Ulf y Hugh fueron armados caballeros y recibieron tierras en Marcaderiva, un pago que a Ulf ya le supo corto.
El príncipe Daemon Targaryen propuso ir más allá: casar a los dos jinetes con las herederas de Stokeworth y Rosby, cuyos padres habían sido ejecutados, de modo que heredasen castillo y nombre. Lord Corlys Velaryon se opuso, alegando que esas tierras debían pasar a los hijos varones de ambos señores, y la reina Rhaenyra le dio la razón, temerosa de indisponerse con el resto de sus nobles.
Capítulo 4
Castillos prometidos
130 d.C.
Tiempo después, debatiendo cómo acabar la guerra, Daemon propuso una solución expeditiva: exterminar a los Baratheon y a los Lannister y entregar Bastión de Tormentas a Ulf y Roca Casterly a Hugh. Lord Corlys, horrorizado, defendió negociar una rendición pacífica.
La reina volvió a inclinarse por el consejo de su Mano, aunque matizando que antes había que resolver la rebelión de sus propios hermanos. Para Ulf, la promesa de dos de los grandes castillos del reino quedó flotando, sin cumplirse.
Capítulo 5
Las traiciones de Ladera
130 d.C.Libros y serie
Ulf y Hugh fueron enviados a defender Ladera del avance de Lord Ormund Hightower y del príncipe Daeron Targaryen, que volaba sobre Tessarion. Al llegar al campo de batalla, cambiaron de bando.
Las crónicas no se ponen de acuerdo sobre el motivo: pudo ser miedo a enfrentarse a un ejército mayor o a un dragón rival, pudo ser el resentimiento por unas tierras que consideraban escasas, o la esperanza de que Aegon II, quizá alentado por Lord Larys Strong, les recompensara mejor por devolverle el trono.
Los dragones incendiaron Ladera hasta dejarla, según el gran maestre Munkun, como un Campo de Fuego en miniatura. La reina Rhaenyra, alcanzada por la noticia, dejó de confiar también en las otras semillas de dragón que aún volaban por su causa, Ser Addam Velaryon entre ellas.
Capítulo 6
El señor de Puenteamargo
130 d.C.
Tras la matanza, Ulf se entregó al vino y a la carne sin freno: violaba a tres doncellas cada noche y quemaba vivo a quien osaba plantarle cara. El príncipe Daeron lo nombró señor de Puenteamargo, pero a Ulf esa sede le sabía a poco.
Quería Altojardín, y para justificarlo acusaba a los Tyrell de traición por no haber tomado partido en la guerra. Condicionó su apoyo al ataque final contra Desembarco del Rey a que le entregasen el castillo.
Capítulo 7
Los Abrojos Sangrientos y la última copa
130 d.C.Libros y serie
Hartos de las ambiciones de los Dos Traidores, los nobles del Dominio se reunieron en la posada de los Abrojos Sangrientos y acordaron que había que matarlos. El príncipe Daeron se mostró de acuerdo, pero antes de que pudieran actuar estalló la segunda batalla de Ladera.
Ulf ni siquiera la vio: durmió toda la contienda bajo una mesa de El Tejón Putañero, la posada que se había apropiado, ajeno a los hombres que intentaban despertarlo. Al abrir los ojos se encontró como único jinete de dragón que le quedaba a los Verdes: «Martillo ha muerto y vuestro joven también. Tan solo os quedo yo», le dijo a Lord Unwin Peake. Fue entonces cuando se le ocurrió que quizá el Trono de Hierro también podía ser suyo.
Ser Hobert Hightower lo convocó al día siguiente con la excusa de planear el ataque a la capital, pero llevaba consigo vino envenenado. Ulf dudó al notar su nerviosismo, así que Hobert bebió primero para tranquilizarlo. Bastaron tres copas: Ulf empezó a bostezar, se quedó dormido y no volvió a despertar. Ser Hobert corrió la misma suerte.