Jocelyn Baratheon
Jocelyn Baratheon nació en Bastión de Tormentas, hija de Lord Rogar Baratheon y de la reina Alyssa Velaryon, y se crio en la corte real junto a los hijos de Jaehaerys I y Alysanne. De mayor se casó con el príncipe Aemon Targaryen, heredero del Trono de Hierro, y con él tuvo una hija, la princesa Rhaenys.
Su historia queda unida a los primeros decenios del reinado de Jaehaerys I, una época en la que los lazos entre Bastión de Tormentas y el trono targaryen se tejieron tanto en los banquetes como en los matrimonios.
Capítulo 1
La niña que no debía sobrevivir
54–68 d.C.Solo en los libros
Jocelyn llegó al mundo en 54 d.C. en Bastión de Tormentas, segunda hija de Lord Rogar Baratheon y de la reina madre Alyssa Velaryon. El parto fue tan duro que su madre estuvo agonizando días enteros; el maestre Kyrie llegó a decir que ya no podía salvar a Lady Alyssa, solo intentar sacar con vida a la niña. Rogar escogió salvar al bebé, y Jocelyn nació tan pequeña y débil que nadie esperaba que sobreviviera la noche.
Con cuatro años viajó con su padre y su hermano Boremund a Desembarco del Rey, para el torneo por el primer decenio de Jaehaerys I en el trono. A los siete, tras la muerte de las tías que la cuidaban, Rogar pidió a los reyes que se hicieran cargo de ella; la reina Alysanne aceptó de buen grado, y Jocelyn se crio desde entonces en la corte, como una más de sangre real.
Allí trabó amistad con el príncipe Aemon, su sobrino por parte de madre, con quien compartía juegos y veladas mientras ambos crecían; solía sentarse a mirar cuando él y su hermano Baelon entrenaban en el patio de armas. En 68 d.C. los reyes anunciaron el compromiso entre los dos jóvenes, después de descartar brevemente la idea de casar a Aemon con su propia hermana Alyssa, una opción a la que Alysanne se opuso sin dudarlo.
Capítulo 2
El matrimonio con el príncipe Aemon
70–74 d.C.Solo en los libros
En 70 d.C. Jocelyn y Aemon se casaron en una ceremonia tan lujosa que se la comparó con la Boda Dorada. Ella tenía dieciséis años, de larga melena negra y porte esbelto; él, un año más joven, pálido junto a la «dama oscura» con la que hacía tan buena pareja que Ser Gyles Morrigen llegó a decir que en ellos «queda depositado el futuro del reino».
El séptimo día de la séptima luna de 74 d.C. nació la hija de ambos, la princesa Rhaenys, una niña grande y de carácter fuerte, con el pelo negro de su madre y los ojos violeta de los Targaryen. Al ser la primogénita del príncipe de Rocadragón, muchos daban por hecho que heredaría el lugar de su padre en la línea al Trono de Hierro.
Capítulo 3
La sucesión rota
92 d.C.Solo en los libros
En 92 d.C. el príncipe Aemon dirigió el ataque contra los piratas myrienses que se habían hecho fuertes en la costa de Tarth. Allí murió, alcanzado en la garganta por una saeta de ballesta disparada por un explorador enemigo. Jocelyn lloró la pérdida, y su hija Rhaenys, entonces embarazada, sintió el golpe con la misma fuerza.
La muerte de Aemon dejó al reino sin un heredero varón claro, y el rey Jaehaerys decidió que el trono pasaría a su otro hijo, Baelon, dejando fuera a Rhaenys y al hijo que esta llevaba en el vientre. Jocelyn se indignó al saber que su hija y su nieto aún no nacido quedaban apartados de la sucesión de ese modo.
Capítulo 4
La abuela que no vio la Danza
Solo en los libros
Jocelyn llegó a ser abuela con el nacimiento de Laena Velaryon, hija de Rhaenys. No se sabe con precisión cuánto vivió después de aquello: murió en algún momento entre el nacimiento de su nieta y el estallido de la Danza de los Dragones, la guerra civil que décadas más tarde dividiría a la casa Targaryen.
La certeza de su muerte llega por una vía indirecta: Lord Borros Baratheon, hijo de su hermano Boremund, habla de ella en pasado, lo que sitúa su desaparición antes de aquel conflicto.
Capítulo 5
Retrato de la dama oscura
Solo en los libros
De ella se recuerda un semblante solemne, ojos oscuros grandes y una melena negra que llamaba la atención en cualquier salón. En su juventud fue tenida por una de las mayores bellezas del reino, y su altura -dos varas- no pasaba desapercibida. El apodo de «la dama oscura» le venía tanto del pelo como de un carácter que muchos describían como reservado.