Saera Targaryen
Saera Targaryen fue la novena hija del rey Jaehaerys I Targaryen y de la reina Alysanne, y la más difícil de encajar de sus once hermanos. Desde pequeña se ganó fama de niña ingobernable, y esa fama terminó por estallar en un escándalo que sacudió la corte de Desembarco del Rey.
Su historia es la de una princesa a la que la familia le quedaba pequeña, y que acabó buscando al otro lado del mar lo que en casa nadie le daba.
Capítulo 1
Demasiados hermanos por delante
67–83 d.C.Solo en los libros
Saera nació en 67 d.C., la quinta hija mujer y la novena entre todos los vástagos de Jaehaerys y Alysanne. Por delante tenía a ocho hermanos, y se resistió al destete hasta pasados los cuatro años. Creció traviesa y ávida de atención: metía gatos en el cuarto de su hermana Daella sabiendo el pavor que le daban, y a los siete años ya sabía colarse en las cocinas para robar dulces. A los diez se deslizó en la Torre de la Espada Blanca y tiñó de rosa cuantas capas de la Guardia Real encontró. Antes de los once robaba vino; a los doce solía presentarse borracha en el septo. El bufón Tom Nabo cargaba con sus bromas más crueles, y para cuando cumplió trece había agotado media docena de septas y otras tantas criadas.
En 73 d.C., cuando sus padres descartaron casar entre sí a Vaegon y Daella, se pensó por un tiempo en Saera como esposa para su hermano; la idea no cuajó y Vaegon terminó marchándose a la Ciudadela.
A los catorce años le confesó a su padre que quería reinar como su madre, casada con el Príncipe de Dorne o con el Rey-Más-Allá-del-Muro; poco después, al conocer a un mercader llegado de las Islas del Verano, decidió que también lo quería a él. Un año más tarde sus planes habían cambiado de rumbo: en casa podía tener a cuantos escuderos, caballeros y señores quisiera. Tres de ellos le disputaban el favor por encima del resto —Jonah Mooton, heredero de Poza de la Doncella; Lord Roy Connington, de Nido del Grifo; y Ser Braxton Beesbury, heredero de Sotomiel—, mientras Perianne Moore se convertía en una de sus amigas más cercanas.
Jaehaerys veía con buenos ojos a los tres pretendientes; Alysanne desconfiaba de ellos, sobre todo de Beesbury, pero el rey restaba importancia a sus reparos: confiaba en que los criados no perdían de vista a su hija en ningún momento.
Capítulo 2
El precio de la Perla Azul
84–85 d.C.Solo en los libros
En 84 d.C. la guardia de la ciudad sacó al bufón Tom Nabo de un burdel llamado la Perla Azul, donde también estaban los tres favoritos de Saera. Connington alegó que solo querían gastarle una broma a Tom; a Mooton se le escapó de quién había sido la idea. Ninguno de los tres quiso decir el nombre de la princesa, así que terminaron en las celdas negras. Alysanne llamó entonces a Perianne Moore y a otra de las amigas de Saera, que confesaron entre susto y susto: las tres habían practicado besos entre ellas, primero vestidas y luego sin ropa; retadas a besar a un chico de verdad, Saera juró que llegaría más lejos. Según contaron, había sido Beesbury quien practicaba con todas, y a los criados se les había ordenado esperar fuera —a los que sabían algo, Beesbury los obligó a callar.
Jaehaerys hizo interrogar antes a escuderos, mozos de cuadra y sirvientas, y solo entonces llamó a Saera ante el trono. La reprendió por lo de Tom Nabo; Alysanne le contó que Alys Turnberry esperaba un hijo. Al saber que sus tres favoritos estaban encadenados, el ánimo de Saera cambió en menos de una hora: de la negación pasó a la burla, de ahí a justificarse y luego a plantar cara. Preguntada sin rodeos si se había entregado a alguno de los tres, respondió que los tres se creían el primero. Dijo que pensaba casarse, aunque no sabía con cuál; y cuando propuso casarse con los tres a la vez, se comparó con Aegon el Conquistador y con Maegor el Cruel. Esa comparación agotó la paciencia de su padre, que la mandó arrastrar hasta sus habitaciones.
Durante todo el día siguiente, el rey y la reina discutieron con el septón Barth y el Gran Maestre Elysar qué hacer con Saera, sus amigas y sus tres pretendientes. Jaehaerys, humillado, repitió más de una vez que ya no la consideraba su hija; Alysanne, aunque de acuerdo en que debía recibir un castigo, le recordó que había hecho las paces con señores que antes habían alzado las armas contra él, así que también podría hacerlas con su propia hija.
Esa misma noche Saera se escapó de su encierro y salió de la Fortaleza Roja, pero los Guardianes de los Dragones la atraparon cuando intentaba entrar en Pozo Dragón —un intento de robar un dragón que encolerizó a Jaehaerys más que ninguna otra cosa hasta entonces. La encerró en una celda de torre bajo vigilancia constante, mientras Ser Braxton Beesbury exigía medirse contra el propio rey y moría por ello bajo la ventana de la princesa. Quince días después Saera fue entregada a la Fe en Antigua, destinada a las Hermanas Silenciosas bajo la tutela de su hermana mayor, la septa Maegelle. Aguantó allí un año y medio hasta que, en 85 d.C., desapareció una noche de la casa madre; los hombres de Lord Hightower registraron toda Antigua sin dar con ella, y como tampoco volvió a la Fortaleza Roja, Jaehaerys puso a vigilarla a sus antiguos favoritos.
Capítulo 3
Un reino propio en Volantis
85–103 d.C.Solo en los libros
En vez de esconderse dentro de los Siete Reinos, Saera había comprado pasaje en Antigua rumbo a Lys, donde, todavía vestida de novicia, entró a servir en un jardín de placer. La noticia no llegó a la corte hasta medio año después de su fuga. Cuando Alysanne lloró que los lysenos habían hecho de su hija una puta, Jaehaerys respondió que siempre lo había sido; se dice que el rey ya nunca volvió a ser el mismo.
Prohibió a Alysanne escribirse con Saera, y la reina lo desobedeció: pagó a hombres para que vigilaran de lejos a su hija. Cuando tres de sus hijas, Alyssa, Daella y Viserra, murieron en un plazo de cinco años, Alysanne suplicó a Jaehaerys que trajera a Saera de vuelta. Él se negó, dijo que no quería volver a oír su nombre y le prohibió a la reina volar hasta Lys. Alysanne le escribió de todos modos; Saera nunca respondió.
Para 99 d.C. Saera ya se había mudado de Lys a Volantis, donde había hecho fortuna y también fama, aunque no de las que enorgullecen. Cuando el rey convocó un Gran Consejo en 101 d.C. para zanjar su sucesión, tres hijos bastardos suyos, cada uno de un padre distinto, se presentaron en Desembarco del Rey a reclamar su parte; uno tenía el rostro del joven Jaehaerys, otro había sido engendrado por un triarca de Volantis. Saera no viajó: decía tener ya su propio reino.
En su lecho de muerte, en 103 d.C., Jaehaerys confundía a veces a Lady Alicent Hightower, que lo cuidaba, con alguna de sus hijas. Cerca del final llegó a convencerse de que Alicent era Saera, de vuelta por fin del otro lado del mar.